viernes, 25 de enero de 2013

Código de Derecho Canónico: Los Fieles Laicos


DE LAS OBLIGACIONES Y DERECHOS DE LOS FIELES LAICOS (Cann. 224 – 231)

224 Los fieles laicos, además de las obligaciones y derechos que son comunes a todos los fieles cristianos y de los que se establecen en otros cánones, tienen las obligaciones y derechos que se enumeran en los cánones de este título.

225 § 1.    Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

 § 2.    Tienen también el deber peculiar, cada uno según su propia condición, de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares.

226 § 1.    Quienes, según su propia vocación, viven en el estado matrimonial, tienen el peculiar deber de trabajar en la edificación del pueblo de Dios a través del matrimonio y de la familia.

 § 2.    Por haber transmitido la vida a sus hijos, los padres tienen el gravísimo deber y el derecho de educarlos; por tanto, corresponde a los padres cristianos en primer lugar procurar la educación cristiana de sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia.

227 Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de cuidar de que sus acciones estén inspiradas por el espíritu evangélico, y han de prestar atención a la doctrina propuesta por el magisterio de la Iglesia, evitando a la vez presentar como doctrina de la Iglesia su propio criterio, en materias opinables.

228 § 1.    Los laicos que sean considerados idóneos tienen capacidad de ser llamados por los sagrados Pastores para aquellos oficios eclesiásticos y encargos que pueden cumplir según las prescripciones del derecho.

 § 2.    Los laicos que se distinguen por su ciencia, prudencia e integridad tienen capacidad para ayudar como peritos y consejeros a los Pastores de la Iglesia, también formando parte de consejos, conforme a la norma del derecho.

229 § 1.    Para que puedan vivir según la doctrina cristiana, proclamarla, defenderla cuando sea necesario y ejercer la parte que les corresponde en el apostolado, los laicos tienen el deber y el derecho de adquirir conocimiento de esa doctrina, de acuerdo con la capacidad y condición de cada uno.

 § 2.    Tienen también el derecho a adquirir el conocimiento más profundo de las ciencias sagradas que se imparte en las universidades o facultades eclesiásticas o en los institutos de ciencias religiosas, asistiendo a sus clases y obteniendo grados académicos.

 § 3.    Ateniéndose a las prescripciones establecidas sobre la idoneidad necesaria, también tienen capacidad de recibir de la legítima autoridad eclesiástica mandato de enseñar ciencias sagradas.

230 § 1.    Los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia.

 § 2.    Por encargo temporal, los laicos pueden (no es un deber) desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma del derecho.

 § 3.    Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho.

231 § 1.    Los laicos que de modo permanente o temporal se dedican a un servicio especial de la Iglesia tienen el deber de adquirir la formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia.

§ 2.    Manteniéndose lo que prescribe el ⇒ c. 230 § 1, tienen derecho a una conveniente retribución que responda a su condición, y con la cual puedan proveer decentemente a sus propias necesidades y a las de su familia, de acuerdo también con las prescripciones del derecho civil; y tienen también derecho a que se provea debidamente a su previsión y seguridad social y a la llamada asistencia sanitaria.

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Lumen Gentium 32, tercer párrafo:

Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1,1). Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo. Pues la distinción que el Señor estableció entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los demás fieles están vinculados entre sí por recíproca necesidad. Los Pastores de la Iglesia, siguiendo el ejemplo del Señor, pónganse al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles; éstos, a su vez, asocien gozosamente su trabajo al de los Pastores y doctores. De esta manera, todos rendirán un múltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque «todas... estas cosas son obra del único e idéntico Espíritu» (1 Co 12,11).




jueves, 24 de enero de 2013

Estar a los pies de la Iglesia Católica es estar a los pies de Jesucristo


Solo al estilo protestante puede darse unidad rezando a los pies de Cristo sin importar mas nada, es decir sin tomar en cuenta "los conceptos apropiados" como le decía un protestante argentino en una charla a un grupo de católicos, pero 33.000 denominaciones protestantes cada una con su comprensión doctrinal y eclesial particular dicen con claridad que esto no es así, aún cuando todos digan estar a los pies de Cristo y que el espiritu santo revolotea por esos lugares. 

Pero hay algo mas: para poder mantenerte en uno de esos rebañitos particulares debes hacer lo que manda su lider de la manera que a el le guste y lo entienda pues de lo contrario esa unidad, por mas que le digas que se realiza orando con sinceridad y agarraditos de la mano no te lo va a aceptar. De estas historias hay en abundancia.

Sabemos que existe unidad a los pies de Cristo y con el poder del espiritu santo (dicen ellos y por eso lo sabemos) en pare de sufrir, en lo mormones, testigos de jehova o dentro de una comunidad seudocatólica imbuida en el marxismo como parte integrante de su teología. Pero puedes tener la seguridad de que esa unidad cuesta: debes mantenerte fiel a "sus contenidos" doctrinales y sus disciplinas.

De manera tal que si pensamos que lo que importa es estar a los pies del Señor sin importar la obediencia a los contenidos de nuestra fe tal como enseña la Iglesia Católica y a su disciplina, pues nos parecen  molestas, ineficaces y arcaicas, podemos preguntarnos: ¿para que la iglesia? ¿para que la tradición? ¿para que los obispos? y que decir del Papa ¿para que se esfuerza tanto Benedicto XVI dejando enseñanzas y directrices disciplinales? ¿para que los concilios? ¿para que? el asunto se puede hacer mas fácil dicen algunos: solo con estar a los pies de Cristo, estas posturas desaparecen. 

¿Seguro? No lo creo así... esas posturas diversas al magisterio de la Iglesia están vivísimas y se alimentan de la desobediencia y son faltas graves a la unidad dentro de la Iglesia. Se dice: "a Dios rogando y con el mazo dando" y todos sabemos por experiencia que así es. Se ora y se obedece para que se de la unidad plena, dicho con otras palabras. Por eso oramos para que se de la plena unidad en los cristianos... para que acepten la autoridad del Papa, la doctrina revelada por la Iglesia Católica y la disciplina que la Iglesia les provea. Esto es ecumenismo.

Particularmente (y es mi derecho) me adhiero totalmente al criterio del magisterio de la Iglesia Catolica: 

El Santo Sínodo... «Basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14, Vaticano II para ser mas preciso).

La Iglesia tiene doctrina y disciplina y en ella, con ella, por medio de ella y de su enseñanza y disciplina se encuentra la unidad. Lo dice bien claro el Concilio: "Cristo se nos hace presente en su cuerpo, la Iglesia"


El Papa es el fundamento perpetuo de unidad en la Iglesia Católica. La unidad, la concreta Cristo Jesús a través de su Iglesia y en obediencia y sujeto a ella. No basta arrodillarse a los pies de Cristo.

Cualquier protestante lo hace y está muy bien, pero no hace unidad. 

Particularmente me considero Católico y con la firme intención de apartarme lo mas rápidamente y bien lejos posible de posturas y lecturas eclesiológicas protestantes. Soy hijo de la Iglesia Católica que busca por sobre todo ordenarse a ella y no  al relativismo. 

Mi actitud de respeto, solidaridad y tolerancia se mantiene sin menoscabo de mi posición fiel al magisterio de la Iglesia.

Sinceritate. ¿Quid est  sinceritate?


viernes, 11 de enero de 2013

Aplicación concreta de la reforma litúrgica conciliar...


Como enseña la Iglesia en:

CARTA APOSTÓLICA 
VICESIMUS QUINTUS ANNUS
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
EN EL XXV ANIVERSARIO 
DE LA CONSTITUCIÓN SOBRE LA SAGRADA LITURGIA

(textos)


IV
APLICACIÓN CONCRETA DE LA REFORMA


a) Dificultades
11. Conviene reconocer que la aplicación de la reforma litúrgica ha encontrado algunas dificultades debidas sobre todo a un contexto poco favorable, caracterizado por una tendencia a privatizar el ámbito religioso, por un cierto rechazo de toda institución, por una menor presencia visible de la Iglesia en la sociedad, por un cuestionar la fe personal. Se puede suponer también que el pasar de una mera asistencia —a veces más bien pasiva y muda— a una participación mas plena y activa haya sido para algunos una exigencia demasiado fuerte; por lo cual han surgido actitudes diversas e incluso opuestas ante la reforma. 

En efecto, algunos han acogido los nuevos libros con una cierta indiferencia o sin tratar de comprender ni de hacer comprender los motivos de los cambios; otros, por desgracia, se han encerrado de manera unilateral y exclusiva en las formas litúrgicas anteriores, consideradas por algunos de estos como única garantía de seguridad en la fe. Otros, finalmente, han promovido innovaciones fantasiosas, alejándose de las normas dadas por la autoridad de la Sede Apostólica o por los Obispos, perturbando así la unidad de la Iglesia y la piedad de los fieles, en contraste, a veces, con los datos de la fe.

b) Resultados positivos
12. Esto no debe hacer olvidar que los pastores y el pueblo cristiano, en su gran mayoría, han acogido la reforma litúrgica con espíritu de obediencia y, más aún, de gozoso fervor.

Por ello conviene dar gracias a Dios por el paso de su Espíritu en la Iglesia, como ha sido la renovación litúrgica; por la mesa de la Palabra de Dios, dispuesta con abundancia para todos; por el inmenso esfuerzo realizado en todo el mundo para ofrecer al pueblo cristiano las traducciones de la Biblia, del Misal y de los otros libros litúrgicos; por la mayor participación de los fieles, a través de las plegarias y los cantos, de los gestos y del silencio en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos; por los ministerios desempeñados por los laicos y las responsabilidades que han asumido en virtud del sacerdocio común, del que participan por el Bautismo y la Confirmación; por la irradiante vitalidad que tantas comunidades cristianas reciben de la Liturgia.

Estos son otros tantos motivos para permanecer fieles a la enseñanza de la Constitución Sacrosanctum Concilium y a las reformas que ésta ha permitido llevar a cabo: «La renovación litúrgica es el fruto más visible de la obra conciliar».Para muchos el mensaje del Concilio Vaticano II ha sido percibido ante todo mediante la reforma litúrgica.


c) Aplicaciones erróneas
13. Junto a estos beneficios de la reforma litúrgica, hay que reconocer y deplorar algunas desviaciones, de mayor o menor gravedad, en la aplicación de la misma.

Se constatan, a veces, omisiones o añadiduras ilícitas, ritos inventados fuera de las normas establecidas, 

(A este llamado de atención cabe preguntarse: ¿el teatro está contemplado dentro de las normas establecidas? ¿es una añadidura ilicita? donde lee Ud.: "en este punto los fieles pueden hacer una representación" o sobre los bailes o danzas ¿están contemplados dentro de las normas establecidas? ¿es una añadidura ilicita? en que lugar lee usted "ahora pueden entrar las ministras danzarinas" cerciórese Ud. consultando las rubricas del Misal Romano. Lo que no está explicitamente regulado o normado en el instructivo General del Misal Romano, no forma parte de la Sagrada Liturgia y es un añadido ilicito o rito inventado. Nota de José Mendoza) 

gestos 

(Del mismo modo ¿ los aplausos están contemplados dentro de las normas establecidas? ¿es una añadidura ilicta o un rito inventado? consulte las rubricas del Misal Romano.  Nota de José Mendoza)

o cantos que no favorecen la fe o el sentido de lo sagrado 

(Sobre este punto la evidencia es abrumadora, lo sagrado dejó de serlo y lo común es la rumba cautivadora, festivamente merenguera, cumbianchera o al mas rancio estilo campesino, al gusto propio del mundo... nada que ver con la sana inculturación que respete lo Sagrado y las sacralidades.  Estos estilos propios de las fiestas del mundo y que muy bien y con mucho gusto disfrutamos en esos ambientes, no concuerdan para nada con la celebración del Sacrificio Eucarístico. Nota de José Mendoza) 

abusos en la práctica de la absolución colectiva, confusionismos entre sacerdocio ministerial, ligado a la ordenación, y el sacerdocio común de los fieles, que tiene su propio fundamento en el bautismo.

No se puede tolerar que algunos sacerdotes se arroguen el derecho de componer plegarias eucarísticas o sustituir textos de la Sagrada Escritura con textos profanos. Iniciativas de este tipo, lejos de estar vinculadas a la reforma litúrgica en sí misma, o a los libros que se han publicado después, la contradicen directamente, la desfiguran y privan al pueblo cristiano de las riquezas auténticas de la Liturgia de la Iglesia.

Compete a los Obispos corregirlas, ya que la reglamentación de la Liturgia depende del Obispo según el derecho, y de él «deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles».

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Y quien piense que solo entendemos las normas de la Sagrada Liturgia desde una óptica meramente jurídica (aunque de esta manera se nos pide a toda la Iglesia entenderla desde la Redemptionis Sacramentun) lamentablemente se equivoca por ignorancia o peor aún, por mala fe.

sábado, 5 de enero de 2013

Instructivo General del Misal Romano I

En los punto 1 y 2 del Instructivo General del Misal Romano que puedes encontrar entre las primeras páginas de ese libro gordo que vemos utilizar a los sacerdotes en la Misa y que se encuentra sobre el altar, se da una idea de lo que es la Misa y con mas presición, lo declarará en puntos sucesivos: es "el Sacrificio de su Cuerpo y su Sangre".

También se nos dice tajantemente que la Misa está sujeta a normas que solo el magisterio puede cambiar. Es muy corto el texto y el tiempo que podrías usar en su lectura, pero seguro va para tu bien.

Adelante.


Proemio

1. Cuando iba a celebrar con sus discípulos la Cena pascual, en la cual instituyó el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, Cristo el Señor, mandó preparar una sala grande, ya dispuesta (Lc 22, 12). La Iglesia ha considerado siempre que a ella le corresponde el mandato de establecer las normas relativas a la disposición de las personas, de los lugares, de los ritos y de los textos para la celebración de la Eucaristía. Tanto las normas actuales, que han sido promulgadas con base en la autoridad del Concilio Ecuménico Vaticano II, como el nuevo Misal que la Iglesia de rito Romano en adelante empleará para la celebración de la Misa, constituyen un argumento más acerca de la solicitud de la Iglesia, de su fe y de su amor inalterable para con el sublime misterio eucarístico, y testifican su tradición continua e ininterrumpida, aunque se hagan algunas innovaciones.


Testimonio de fe inalterada

2. La naturaleza sacrificial de la Misa afirmada solemnemente por el Concilio Tridentino, en armonía con la tradición universal de la Iglesia, ha sido expresada nuevamente por el Concilio Vaticano II, al pronunciar estas significativas palabras acerca de la Misa: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su retorno, el sacrificio de la cruz y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección».

Lo que así fue enseñado por el Concilio está sobriamente expresado por fórmulas de la Misa. Así lo pone ya de relieve la expresión del Sacramentario llamado Leoniano: «cuantas veces se celebra el memorial de este sacrificio se realiza la obra de nuestra redención».  Esto se encuentra acertada y cuidadosamente expresado en las Plegarias Eucarísticas; pues en éstas el sacerdote, al hacer la anámnesis, se dirige a Dios en nombre también de todo el pueblo, le da gracias y le ofrece el sacrificio vivo y santo, es decir, la ofrenda de la Iglesia y la víctima por cuya inmolación el mismo Dios quiso devolvernos su amistad; y ora para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean sacrificio agradable al Padre y salvación para todo el mundo.

De este modo, en el nuevo Misal, la norma de la oración (lex orandi) de la Iglesia responde a la norma perenne de la fe (lex credendi), por la cual, somos amonestados, a saber, que el sacrificio, excepto por la forma distinta como se ofrece, es uno e igual en cuanto sacrificio de la cruz y en cuanto a su renovación sacramental en la Misa. Y es el mismo sacrificio que Cristo, el Señor, instituyó en la última cena y que mandó celebrar a los apóstoles en conmemoración suya, por lo cual la Misa es al mismo tiempo sacrificio de alabanza, de acción de gracias, propiciatorio y satisfactorio.

Luego de leer esto te invito a que después de celebrar la Sagrada Eucaristía, salgas a festejar que ese sacrificio al que asististe con devoción silenciosa y conciente de lo que allí ocurría (participación fructuosa) respetando y obedeciendo lo que la iglesia manda obedecer en materia de liturgia, repito salgas a festejar que este Sacrificio Eucarístico te abrió las puertas de Cielo y ya puedes cantar y bailar y decir a todo pulmón ¡Padre nuestro!... la vida se vuelve fiesta pues « SPE SALVI facti sumus »  en esperanza fuimos salvados...  seguiremos con el instructivo en futuras notas
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