miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Cómo influirá el Papa Francisco en la liturgia de la Iglesia católica?

El Papa Francisco puede ayudar a asimilar todo el pensamiento litúrgico del Vaticano II, tanto con su ejemplo como sus palabras, especialmente las que dirija a los obispos, afirma el director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona, Jaume González Padrós.

En la siguiente entrevista, González Padrós señala que la reforma litúrgica ya ha finalizado y ahora hay que profundizar todo lo dispuesto en el concilio.

También destaca la necesidad de una educación a la liturgia por parte de los bautizados para que puedan recibir todo el provecho espiritual en las celebraciones.

El instituto superior de liturgia que dirige el experto, el único de este tipo en lengua castellana y uno de los cuatro existentes en Europa (junto a los de París, Padua y Roma), organiza la 35ª edición de su curso de verano, que este año se celebrará del 1 al 5 de julio en la abadía de Montserrat con el tema “La liturgia: oración de la fe”.


Explicado breve y sencillamente: ¿qué es la liturgia?

La sagrada liturgia acerca hacia nosotros las obras redentoras que el Padre ha realizado por medio del Hijo encarnado, Jesucristo, en la fuerza siempre presente del Espíritu Santo.

Así, después de Pentecostés, los discípulos de Cristo podemos acoger la redención a través del contacto con la santa Humanidad del Hijo, y llenarnos de la gracia de la salvación.

No importa el lugar, el tiempo, la cultura o los méritos propios. Las acciones litúrgicas, por la obra del Santo Espíritu, nos recuerdan y hacen presente la redención de Cristo a través de sus palabras y acciones, y de forma eminente, por su muerte y resurrección.

Gracias a la sagrada liturgia los seres humanos podemos glorificar perfectamente a Dios en nuestra vida y recibimos el don más precioso, por el que fuimos creados: la divinización. Es por ello que el Vaticano II nos recuerda que la liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo.

¿Qué función tiene la liturgia en la nueva evangelización?

El pasado 22 de mayo el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona organizó una Jornada de estudio para reflexionar sobre el rol que tiene la liturgia en la evangelización.

Los ponentes nos llevaron a la comprensión de que ella es cumbre y fuente de la obra evangelizadora, como de toda la vida cristiana, ya que toda acción apostólica se orienta a llevar a los hombres hacia la comunión trinitaria a través de los sacramentos en la santa Iglesia.

Y, a la vez, en este misterio de comunión, la liturgia aparece como la fuente indispensable y necesaria de todas las gracias, de toda la fuerza eclesial para vivir una vida de fe y caridad según el evangelio del Señor.

En esta sintonía, dos aspectos quedaron especialmente clarificados en la Jornada: celebrar en fidelidad a los libros litúrgicos vigentes, en una serena y humilde eclesialidad, es una gran fuente de evangelización para quienes participan en las acciones sacramentales, y en segundo lugar que, en las celebraciones exequiales, hay un gran potencial evangelizador, ya que en ellas se proclama el núcleo más decisivo de la fe, no sólo con palabras, sino también con los gestos rituales que inciden profundamente en la mente y el corazón del ser humano.

¿En qué punto se encuentra la reforma litúrgica, 50 años después de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium?

El beato Papa Juan Pablo II ya dijo que la reforma litúrgica se daba por finalizada. Los libros litúrgicos han sido publicados y ya no estamos en la misma situación que cincuenta años atrás.

Nuevas generaciones de sacerdotes y de fieles laicos han aparecido en la escena de la Iglesia y ellos ya no han conocido la liturgia anterior al Vaticano II.

No podemos -nos decía el papa- seguir hablando de reforma. Ahora se impone la profundización de todo lo dispuesto, ahora se impone vivir cada acción litúrgica como un momento privilegiado de espiritualidad específicamente cristiana.

Por desgracia, en estas cinco décadas, no todo ha sido fidelidad a la voluntad conciliar: inventos fantasiosos en lo más sagrado, nostalgias tradicionalistas excluyentes, etc.

Ello ha entorpecido la obra de reforma y fomento de la sagrada liturgia que quería el Vaticano II, así como lo manifestaron los papas Juan XXIII y Pablo VI.

Sin embargo, lo que es de Dios no puede ser vencido o anulado. Por ello, y con el auxilio precioso del ministerio petrino del gran Juan Pablo II y del no menos grande Benedicto XVI, muchos, especialmente las nuevas generaciones de sacerdotes y personas de vida consagrada, hemos comprendido la voluntad del Concilio en cuanto a la sagrada liturgia y estamos en
disposición de vivirlo, con la ayuda de la gracia del Señor.

¿Cómo cree que influirá el pontificado de Francisco en la liturgia de la Iglesia católica?

Desde principios del siglo XX con el llamado Movimiento Litúrgico, ha ido aumentando el conocimiento de la liturgia desde todas sus dimensiones: la teológica, la histórica, la pastoral, la espiritual.

El magisterio pontificio, antes y después del Vaticano II, y los mismos documentos conciliares, son de una profundidad magnífica en cuanto a contenido y comprensión de la liturgia.

Así mismo, los teólogos que, durante el siglo pasado y éste, se han dedicado a reflexionar sobre la sagrada liturgia como una realidad claramente teológica, han hecho –y están haciendo- una labor estupenda.

Estrictamente hablando, pues, no hay vacíos en doctrina ni en teología, entendida ampliamente, por lo que respecta a la liturgia, a día de hoy.

Lo que resulta necesario es, sí, estimular a la asimilación de todo este depósito de pensamiento litúrgico, para que se traduzca en las celebraciones sacramentales concretas y, realmente, llegue a ser, para todo bautizado, la fuente de su vida cristiana.

Creo, pues, que podemos esperar que el papa Francisco nos ayude a ello, estimulando y urgiendo esta asimilación de la que hablaba, tanto con su ejemplo –como han hecho todos sus predecesores- como con sus palabras, especialmente aquellas que pueda dirigir a los obispos de todo el mundo, los cuales son los primeros responsables de la vida litúrgica en sus Iglesias particulares.

¿Hay que hacer la liturgia más comprensible para las personas de hoy o son las personas las que deben prepararse para entenderla?

Uno de los propósitos del Concilio Vaticano II, al reformar los libros litúrgicos, fue el de eliminar barreras entre el santuario, allí donde ofician los ministros sagrados, y la asamblea, para que la participación no se viese obstaculizada por ritos complicados e innecesarios, y por palabras de difícil comprensión, ya sea a causa de la lengua o de los conceptos expresados.

Hay, pues, en la mente conciliar, una voluntad de simplificación, en aras, como hemos dicho, de una más directa participación.

Alguien afirma que, en esta querida simplicidad, se puede entrever una cierta ingenuidad e, incluso, temeridad, a causa, quizás, de un conocimiento insuficiente de la misma antropología, ya que el rito es una realidad humana que no está al alcance de todos para ser dominado o alterado; sus raíces son demasiado profundas en el corazón y la mente humana.

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, algunos artífices de la reforma incluso llegaron a preguntarse si no se habían cambiado demasiadas cosas sobre la mesa de un despacho; quizás faltó trabajo de campo.

No obstante, a pesar de la simplificación actuada, ahora nos damos cuenta de que sigue siendo necesaria una formación, una educación a la liturgia por parte de los bautizados, para que todo el lenguaje de la sagrada liturgia, tanto el verbal como el no verbal, sea un universo lleno de sentido para los fieles y puedan moverse en él con provecho espiritual.

No ha sido suficiente eliminar ritos prescindibles e introducir la lengua vernácula. Todo ello ha ayudado no poco, pero, como decimos, sigue siendo vigente la necesidad de que las personas se preparen para una participación consciente y activa.

El Vaticano II afirma que la dedicación a hacer eso posible es «una de las funciones principales del fiel dispensador de los misterios de Dios», es decir, de los ministros sagrados (cf. SC 19).

Hacer la liturgia a nuestro tamaño nos haría cada vez más pequeños e insignificantes espiritualmente; sería un camino decadente.


Lo único que realmente tiene nobleza y futuro, ajustado a la dignidad de la persona humana, es que nos ayudemos unos a otros para llegar a la altura donde la sagrada liturgia nos ofrece la comunión con el Dios tres veces Santo.  

http://www.aleteia.org/es/religion/entrevistas/como-influira-el-papa-francisco-en-la-liturgia-de-la-iglesia-catolica-1905003

Francisco, sobre la Liturgia y sobre Mons. Marini: “Valorar la tradición y que conviva con la novedad”

El vaticanista Sandro Magister, en este artículo publicado en su blog, cuya traducción ahora ofrecemos, ofrece algunos comentarios que el Papa Francisco ha realizado a obispos italianos, durante su visita ad limina, sobre la relación con la liturgia, también la tradicional, así como sobre su Maestro de las celebraciones litúrgicas, a quien ha decidido mantener en el oficio, pese a sugerencias de sustituirlo que el Papa recibió al comienzo de su pontificado. 

   Entre los obispos italianos que se han encontrado con Francisco en visita ad limina, los de la región de Puglia han sido los más locuaces al referir cosas que el Papa les ha dicho. No ha sido sólo la “revelación” – en parte contradicha por el padre Federico Lombardi – del obispo de Molfetta, Luigi Martella, sobre las dos encíclicas en proceso: la primera, sobre la fe, firmada por el Papa actual pero escrita por el predecesor, que la estaría terminando en su morada actual; y la segunda, sobre la pobreza, preparada completamente por el Papa reinante. 

 Ha habido también indiscreciones referentes a la liturgia. Comenzando por el arzobispo de Bari, Francesco Cacucci, que ha declarado a Radio Vaticana que el Papa Francisco habría exhortado a los obispos a “vivir la relación con la liturgia con sencillez y sin superestructuras” Luego ha sido el obispo de Conversano y Monopoli, Domenico Padovano, que ha contado a su clero que los obispos de la región se han lamentado con el Papa por la obra de división creada dentro de la Iglesia por los paladines de la Misa según el rito antiguo. ¿Y qué les ha respondido el Papa? Según lo referido por monseñor Padovano, Francisco los habría exhortado a vigilar sobre los extremismos de ciertos grupos tradicionalistas, pero también a atesorar la tradición y hacerla convivir en la Iglesia con la innovación. 

 Para explicar este último punto, el Papa habría puesto el propio ejemplo: “¿Lo ven? Dicen que mi maestro de ceremonias papales [Guido Marini] es de corte tradicionalista; y muchos, después de mi elección, me han invitado a relevarlo de su cargo y a sustituirlo. He respondido que no, precisamente para que yo mismo pueda beneficiarme de su preparación tradicional y al mismo tiempo él pueda aventajarse, del mismo modo, de mi formación más emancipada”. Si son auténticas, son palabras instructivas sobre el espíritu litúrgico y el estilo de celebración del actual Papa. Pero no es seguro que los obispos de Puglia las hayan interpretado. Otro de ellos, el de Cerignola y Ascoli Satriano, Felice di Molfetta, ex presidente de la Comisión de Liturgia de la CEI, en un mensaje a su diócesis ha escrito entre otras cosas: “No he dejado de alegrarme con el Papa por el estilo celebrativo que ha asumido; un estilo inspirado en la `noble sencillez´ sancionada por el Concilio, manifestando particular atención al tema y sobre el cual no han faltado de su parte consideraciones de alto perfil teológico-pastoral, compartidas por todos los obispos presentes. 

He disfrutado mucho por el diálogo, habiéndome ocupado toda una vida de la enseñanza de la teología litúrgica y sacramental, al captar el interés del Santo Padre por este aspecto vital del ministerio petrino, ejercido por él tanto en las celebraciones feriales en Santa Marta como en las solemnes en la Basílica Vaticana, como por ejemplo en la Canonización de los 800 mártires de Otranto: una celebración contenida en el tiempo y, al mismo tiempo, en su desarrollo ritual. El Papa Francisco, a la luz de ciertos fenómenos del pasado reciente en el que se han registrado en el plano litúrgico no pocas desviaciones, nos ha exhortado a los obispos, refiriéndonos también algunos ejemplos concretos, a vivir la relación con la acción litúrgica, en cuanto obra de Dios, como verdaderos creyentes, más allá de todo presuntuoso ceremonial, plenamente conscientes de que la `noble sencillez´ de que habla el Concilio no es descuido sino Belleza, belleza con la `B´ mayúscula”. Pero enrolar al Papa Francisco entre las filas de los progresistas también en campo litúrgico es, por lo menos, arriesgado. 

No parece, de hecho, en particular, que él haya sido hostil a la liberalización de la Misa en el rito antiguo, decidida por Benedicto XVI con el Motu proprio Summorum Pontificum del 2007. Mientras que ciertamente Mons. Di Molfetta fue ese año uno de los más combativos críticos de aquel Motu proprio, antes y después de su publicación. Juzgaba la Misa en el rito antiguo “incompatible” con la post-conciliar y trabajó, sin éxito, para que la CEI produjese una nota interpretativa – en sentido restrictivo – de la Summorum Pontificum. 


*** Fuente: Settimo Cielo 
 Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
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